Las personas con esófago de Barrett (un reflujo severo) tienen mayor
riesgo de cáncer que la población general, por lo que son sometidas a
revisiones periódicas para detectar a tiempo la aparición de cualquier cambio maligno en el esófago.
Sin embargo, los controles actuales no son suficientes y algunos
tumores se 'escapan' a esta vigilancia. Un espray fluorescente en
experimentación podría ayudar en el futuro.
El uso de proteínas fluorescentes
para 'teñir' tejidos y observar mejor algunos procesos en el organismo
es ampliamente utilizado en laboratorios de todo el mundo; sin embargo,
su uso en la práctica clínica no está aún consolidado.
Un estudio que publica esta semana la revista 'Science Traslational Medicine'
demuestra en humanos la utilidad de estos 'tintes celulares' para
detectar precozmente tumores malignos en pacientes con esófago de
Barrett; un sistema que ya se había probado con éxito en animales con otros tipos de cáncer.
A diferencia de lo que ocurre con otros tumores, algunas de las
lesiones malignas que pueden aparecer en el esófago no crecen de manera
abultada, sino que son lesiones planas, que se camuflan con el resto de
tejido sano y dificultan su detección precoz. Por eso,
el espray que acaban de desarrollar en los laboratorios de las
universidades de Michigan (EEUU) y Jiaotong (China) podría ser un buen
aliado de los oncólogos en el futuro.
"Esta técnica, que ya se utiliza de manera experimental en otros
tumores, como el de colon, puede ser muy útil para guiar dónde es
necesario biopsiar a los pacientes con esófago de Barrett", explica a
ELMUNDO.es el doctor Javier Molina-Infante, responsable de estas
patologías en la Asociación Española de Gastroenterología.
Como explica por su parte Atanasio Pandiella, subdirector del Centro
de Investigación del Cáncer de Salamanca (CIC), el problema es que en
estos pacientes es difícil distinguir el tejido que simplemente está
alterado por el efecto continuo de los ácidos del estómago, del epitelio
pretumoral propiamente dicho. "Por eso, a menudo, se toman dos o tres
muestras en zonas diferentes para biopsiar, pero sin mucha certeza
porque la inspección visual falla".
Para ayudar a guiar esas biopsias, los investigadores seleccionaron
un péptido (una pequeña secuencia de aminoácidos) entre una biblioteca
de más de 1.000 millones de sustancias. "Primero vieron en una serie de
pruebas de laboratorio que ese péptido se unía muy bien a las células
tumorales y no a las sanas", aclara Pandiella.
Sólo después probaron el espray en 25 individuos con cáncer de
esófago, cuyas lesiones malignas y premalignas se 'iluminaron' con éxito
al contacto con esta sustancia. "En aquellas zonas con displasia
[alteración del tejido], el péptido fluorescente se unió a las células
tal y como se pudo observar mediante un microscopio especial", prosigue
Pandiella; "eso permitió guiar las biopsias, para obtener el diagnóstico final".
A pesar de sus ventajas y los buenos resultados, el doctor
Molina-Infante recuerda que se trata de una técnica todavía cara, que
requiere mucho tiempo y obliga a tener un endoscopio especial para
visualizar la fluorescencia.
En todo el mundo se diagnostican al año unos 480.000 casos de cáncer
de esófago al año, cuya incidencia ha crecido un 460% en varones mayores
de 65 años en los últimos años. El retraso en el diagnóstico se traduce
en una tasa de supervivencia de apenas el 15% a los cinco años del
diagnóstico. Y aunque sólo el 1%-3% de los pacientes con esófago de
Barrett desarrolla un tumor maligno, esta acidez severa multiplica por
30 las posibilidades de sufrir este tipo de cáncer.
La utilización de endoscopias (un tubo flexible con una cámara en su
extremo) cada dos o tres años para observar el esófago en esta población
de riesgo permite cierto grado de detección precoz, pero los oncólogos
coinciden en que cualquier mejora en las técnicas de detección precoz sería bienvenida
a la clínica. Sin embargo, como reconocen en su artículo Matthew Sturm y
su equipo, hasta ahora los métodos para mejorar esta visualización
(cromoendoscopia, autofluoresencia...) no han tenido el éxito deseado.
Sólo el tiempo -y estudios más amplios- dirán si este espray 'fosforito'
(seguro y bien tolerado por los pacientes) puede hacerse un hueco en
los servicios de Gastroenterología y Oncología.
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